En el post Cicatrices del Alma (I), comento que para el momento en que la persona que me hizo la pregunta sobre el momento más triste de mi vida, sólo un evento ocupaba ese espacio pues desde entonces y hasta hace unos meses, no había sentido algo similar. Esto no quiere decir que no haya tenido otras experiencias tristes en mi vida pero estas dos me han marcado de una manera especial por la forma en que ocurrieron porque de ninguna manera las veía venir y mucho menos las esperaba.
Hoy les comparto una carta que le escribí a mi perrito, sí perrito. Y se preguntarán por qué le escribo a un perro. Bueno, para empezar para mí no fue un perro cualquiera, fue una personita que ocupó un espacio especial en mi vida y con esta carta, de alguna manera me despido de él.
Hasta Siempre Q
Hola mi Pichu, quiero contarte una historia, en realidad es un poco nuestra historia.
Quizá hay algo que tú no sabes y es que yo nunca había tenido un perro antes de ti, de hecho nunca consideré el tener uno, creía que no me gustaban, es difícil de creer, ¿verdad? Fue por Ale que decidí buscarte, en realidad fue ella quien te eligió a ti y desde el primer día que llegaste a la casa nos robaste el corazón. Te nombramos Quentin, me dejaron escoger el nombre y como siempre había dicho que de tener un perro, lo llamaría así pues así te quedaste. Eras tan chiquito que cabías en la palma de mis manos, tan indefenso, tan dulce que solo provocaba amapucharte y llevarte a todos lados. Eras travieso pero muy inteligente desde el primer día, entendías todo lo que se te decía.
Siempre dije que eras un perrito accidentado. En los primeros meses con nosotras te pasó de todo.. El primer día que te llevamos a la playa (tenías como 2 meses y medio), te metiste entre unas matas y saliste lleno de cadillos. Pasamos como 2 horas tratando de quitártelos todos (entre 3 personas) mientras te quejabas y chillabas del dolor, hasta tuvimos que cortarte los pelitos de las patas de la cantidad que tenías.
Otro día, llegaste al cuarto chillando como nunca del dolor y no entendíamos qué te pasaba, nunca olvidaré el sonido que producías, nos tenías asustadas pues no podíamos comprender qué tenías. Cuando decidimos salir para llevarte al veterinario, encontramos una avispa es la sala y conociéndote, supimos de inmediato que te habías puesto a molestarla y que te había picado. Aún así te llevamos al veterinario por si acaso te daba una reacción alérgica y pasaste el resto del día sin poder apoyar la patica en la que te picó.
A veces nos volvías locas trayendo todos tus juguetes y colocándolos encima de los pies para que te los lanzáramos, podías estar en eso todo el día. Y si no te hacíamos caso, nos mordías suavemente los dedos para llamar la atención, la verdad es que no te quedabas quieto ni un minuto… Creo que daría lo que no tengo porque volvieras a hacer eso.
Fuiste realmente maravilloso, la mejor compañía que alguien pudiera tener. Hicimos todo lo que pudimos para cuidarte y protegerte menos darnos cuenta que teníamos que protegerte dentro de nuestra propia casa, y eso lo lamento tanto. Un día como cualquier otro saliste al patio del frente y al entrar a la casa ya no eras el mismo, algo habías comido. Reconozco que mi capacidad de reacción fue tardía, quizá eso habría marcado la diferencia.
Cuando llegamos a la veterinaria ya casi no respirabas, creo que todo el edificio me escuchaba gritar tu nombre para ver si de alguna manera te dabas cuenta que yo estaba ahí y regresabas. Nunca olvidaré que te tuvimos que dejar en esa mesa fría en la que tantas veces estuviste estresado sabiendo que te puyarían cuando te llevábamos a poner las vacunas. No puedo negar que aún y cuando sabía que no era posible, soñaba con que al día siguiente te encontraríamos vivo en esa mesa, que solo te habías desmayado y que la medicina sí había surtido efecto al final. Por supuesto que no fue así pero se vale soñar, ¿no?
Pocos días después llevamos tus cenizas a la playa, al mismo sitio que te llevamos la última vez y las esparcimos ahí. No puedo explicar la sensación de paz que sentí al hacerlo, sentí que por fin te habíamos dejado descansar y que estarías feliz de recorrer esa playa a la que tanto te emocionaba ir. Nunca olvidaré cómo te movías de emoción en la moto cuando veías que íbamos llegando, movías las paticas de atrás incontrolablemente y siempre le decía a Ale “Ya comenzó a bailar” jaja. Eras lo máximo, de verdad.
Aunque la gente crea que es una locura pensarlo, yo sé que tú te sacrificaste para sacarnos de esa casa en la que tantos problemas tuvimos y de la que desde hacía meses queríamos mudarnos y no lo hacíamos por una u otra cosa. Parece mentira que tuviéramos que esperar a que te fueras para hacerlo.
Me regalaste la oportunidad de amarlos, de querer tener a otro perrito en mi vida que me llene de ese amor incondicional que solo ustedes saben dar, y de ofrecerle lo mismo a ellos.
En definitiva, sin ti mi vida habría sido muy vacía.. Muchas gracias Q!