Se va un año más y sólo puedo pensar en qué fue lo que me trajo y deja a su partida. Quisiera decir que fue un año maravilloso, grandioso y de muchas satisfacciones, sin embargo eso no es tan cierto.
En este año perdí seres extraordinarios que formaban parte de mi vida y que por razones distintas ya hoy no lo hacen.
Por más que lo intento no encuentro qué es lo bueno que me trajo el 2010, salvo el haber abierto mi cuenta en Twitter (y que a veces pienso fue la causa por la que perdí una de las cosas más importantes de mi vida) y conocer en él a un grupo limitado de personas maravillosas; haberme topado con Kim, quien vino a sanar en parte la pérdida de Quentin, y que aún así tendré que dejar pues ya no me corresponde ser cuide de ella como lo hice hasta ahora; y haber abierto este espacio que se ha convertido en una suerte de bitácora personal y que, a pesar de no ser tan frecuentado, me da la oportunidad de expresarme y mostrarme tal cual soy, sin caretas.
Termina el año y sólo quedan conmigo los aprendizajes de duras lecciones que aún intento descifrar. Los aprendizajes de esos golpes que sólo la vida te sabe dar y que de algún modo, algún día comprenderás. Cabe destacar que aún espero por ese momento.
Sólo me resta decir que me alegra que este año termine pues deseo con ansias arrancar con un año nuevo lleno de esperanzas e ilusiones de conseguir esas satisfacciones que se suponen se deben conseguir y que al final del año pueda sentarme como hoy y nombrar una a una cada una de ellas.
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