A un día de un nuevo día

A decir verdad siempre he hecho un esfuerzo por mantenerme al margen en lo que a expresar mi opinión sobre la situación política en Venezuela se refiere. Si bien no hablo específicamente de lo que pienso y siento, mi posición es más que evidente. No obstante hay ciertas cosas que no puedo dejar de un lado. No puedo evitar no sentirme afectada por lo que ocurre día a día, no puedo ignorar las atrocidades que se comenten y la ausencia de recursos para evitarlas.

Muy a pesar de no estar viviendo en el país, soy víctima de este proceso al igual que cualquier otro. No porque no viva el día a día de lo que allá ocurre no significa que no lo haya experimentado y sufrido. Mi familia aún se encuentra en Venezuela y cada día pienso en ellos y en lo que les ha tocado. Vivo con un susto perenne de imaginar que cada día, cada hora, es un riesgo para ser atracado y fácilmente asesinado para robarles el carro, o hasta un simple celular.

Cada vez que termino de hablar con ellos queda en mí una sensación de tristeza e impotencia demasiado grande. Un día me entero que a mi hermano menor lo robaron a punta de pistola en plena avenida a las 2 de la tarde, otro día que mataron al hermano de una amiga para robarle el celular, otro que a mi hermano mayor lo despidieron de la empresa en la que llevaba 12 años trabajando por tratarse de un empleado de primera línea y por consecuencia uno de los mejores pagados de la empresa y que por falta de recursos se vieron en la obligación de dejarlo ir, si no era él, tendría que haber sido otros 6 empleados, otro día me entero que a mi hermano menor lo volvieron a atracar, que invadieron los terrenos de un familiar por el que había trabajado años y así sucesivamente.

A mí no me pueden decir que mi país no me duele porque vivo en el extranjero, no pueden decirme que no me preocupa porque no vivo día a día lo que allá pasa. Lo siento pero no lo acepto. Durante muchos años yo estuve al pie del cañón en cuanto movimiento se hiciera para defender nuestros derechos y democracia, me vi envuelta en situaciones en las que arriesgué mi seguridad y mi propia vida.

Fui coordinadora de Súmate de uno de los centros de recolección de firmas para el referéndum revocatorio, fui a cuanta reunión existió para la coordinación, estuve en el sitio desde las 5 de la mañana hasta las 10 de la noche defendiendo cada una de las firmas de cada uno de los que ahí fueron a calarse sus colas bajo el sol con tal de ejercer su derecho. Me tocó enfrentarme a un grupo de afectos al gobierno que nos querían sabotear el operativo y tratar de mantener la calma entre aquellos que se encontraban en el lugar.

En las elecciones del 2006 me quedé en el centro de votación hasta las 10 de la noche observando el conteo de votos mientras a una cuadra del sitio se escuchaban las hordas de los afectos al gobierno gritando el “No volverán” mientras disparaban al cielo en un intento de amedrentarnos. No nos movimos de ahí a pesar de las amenazas y que un grupo de ellos llegaron al colegio a tirar piedras.

Muchas veces veo como la gente dice (la mayoría escribe en su Twitter) que hay que salir a la calle, que hay que formar peo, que hay que luchar y no sé qué tantas cosas pero ahí están, detrás de una computadora sin hacer una sola de las cosas que vociferan. Me ahogo por no decirles lo que pienso precisamente porque estoy afuera y no deseo convertir mi TL en una diatriba política que al final del día sólo dejará un mal sabor de boca y muy posiblemente se llevaría consigo las ganas de volver a entrar ahí.

Yo sí puedo decir que era de las que lo decía y salía, me vi en medio de situaciones en las que arriesgué mi vida y para qué? Para quizá morir como una buena pendeja y después mi nombre quedara en una lápida más sin saber quién fui. Para que otros incitaran a salir sin siquiera saber lo que realmente se siente estar ahí, presenciando el odio de estas personas que te insultan, gritan, amenazan y agreden con el riesgo de recibir mucho más que eso. El hecho de no estar constantemente hablando de mi preocupación por el país y por lo que ahí pasa, no significa que no lo sufra y que no me interese.

Me apena el no poder ser parte del proceso de mañana y estar ahí como siempre, observando ayudando, siendo testigo y colaborando a proteger nuestro derecho como siempre lo he hecho. Desafortunadamente mi situación no me permitió viajar y hacerlo pero desde aquí todos mis pensamientos se encuentran allá, deseando que éste sea finalmente el comienzo del fin de todo este terrible proceso que nos ha envenenado a todos.

Mis respetos a todos los que día a día salen a la calle con más fuerza y determinación a luchar para lograr un cambio positivo muy a pesar de las vicisitudes y trabas que se les imponen. A ellos, mis más sincera admiración.

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3 comentarios en “A un día de un nuevo día

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