A mí no me vengas con tus gérmenes

Desde siempre, (quienes me conocen desde entonces) las personas me han catalogado como una persona muy escrupulosa, y es que basta con verme lavarme las manos o los dientes para darse cuenta. Algunos me llegaron a preguntar si alguna vez estudie medicina por la forma en que lavo mis manos, pues lo hago con mucho detenimiento y me enjuago muy bien cada dedo, escurro todo el jabón y me seco hasta tener las manos completamente secas. Y si puedo usar una toalla de papel, mejor.

Reconozco que puedo llegar a ser un poco obsesiva con el tema pero he aprendido a vivir con ello y a entender que existen momentos en los que no puedo evitar tener que dejar pasar algunas situaciones.

Vivo constantemente pendiente de lavarme las manos, lo hago al entrar al baño y al salir. Llevo conmigo un envase de gel antibacterial y lo uso regularmente. Nunca voy a baños públicos y si entro en alguno por la mera necesidad de lavar mis manos, abro la puerta con una toalla de papel. Podría continuar mencionando cosas similares pero creo que ya hice entender mi punto de vista.

El año pasado con el tema de la gripe porcina, en mi trabajo se creó una alerta bastante fuerte y mis hábitos no se hicieron esperar. Recibíamos huéspedes de todas partes del mundo (para ese entonces seguía en el hotel) y teníamos constante contacto con ellos.

En las mesas de nuestra oficina colocaron unos dispensadores de gel antibacterial para promover su uso entre los empleados y los mismos huéspedes, además de otras medidas de prevención.

Un día, yo acababa de llegar a la oficina (gazebo le decimos en el hotel) de atender a unos huéspedes con un problema en el área y me senté en mi escritorio, tomé un poco el gel antibacterial y que entra el director del hotel con uno de los altos ejecutivos que venía de la central del hotel en España y se me acerca para presentármelo. El señor me extiende la mano, y ahí voy yo a decirle “Lamento no poder darle la mano pues acabo de colocar gel en mis manos”, el hombre muy amablemente con un ademán me dio a entender que no me preocupara y continuó su camino junto al director del hotel quien en el momento de abrirle la puerta al don, volteó a fulminarme con una mirada que nunca olvidaré. Y es que lo que a mi parecer fue un gesto considerado para con la visita, para el resto de los presentes no fue más que un “Disculpe, acabo de desinfectar mis manos y no deseo contaminarlas tocando la suya”.

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Pornografía Infantil, ¡NO!

Desde hace 3 años, y a propósito del Día Universal del Niño, se realiza esta campaña como una iniciativa de la gente de La Huella Digital en pro de hacer un esfuerzo para mostrar el fuerte rechazo  que se tiene hacia aquellos que promueven la pornografía infantil y aquellos que la buscan.

Desafortunadamente la pornografía infantil es uno de los mayores problemas que se han presentado en la red y a pesar de las denuncias, la erradicación de este mal se ve cada vez más lejos.

La intención de la campaña es inundar el internet con artículos utilizando el mismo título y colocando en su contenido palabras como pedoboy, lolitas, boylover, feet boy, girllover, childlover, fetishboy o preteens; palabras comúnmente utilizadas por pederastas y pedófilos para hacer su búsqueda en internet. De esta manera, al menos por el día de hoy, se encontrarán con miles de páginas denunciando y rechazando esta práctica y quizá podamos llegar un porcentaje de éstos y hacerlos reflexionar, y sólo tal vez colaboremos con el principio del fin de una práctica que utiliza a niños inocentes y que difícilmente tienen cómo protegerse.

Ojalá algún día exista un método lo suficientemente eficiente para erradicación de este cáncer “virtual” y los promotores paguen por ello. Mientras tanto no encuentro por qué no apoyar tan excelente campaña.

El inicio de un nuevo comienzo (II)

Viene de aquí.

Con quinientos dólares y una maleta llegué a un país del que casi nada conocía y que a partir de ese momento se convertiría en mi residencia por quién sabe cuánto tiempo.

Más de 4 horas viajé hasta mi lugar de destino y en el camino, la sensación de susto crecía cada vez más. ¿Cómo sería el lugar en el que me tocaría vivir? ¿Cómo serían mis compañeros de trabajo? ¿Me gustaría el trabajo? Muchas eran las interrogantes que venían a mí y se mezclaban con el cansancio del viaje y de los preparativos.

Finalmente llegué a lo que será mi nuevo hogar y ya casi le pedía al taxista que me regresara al aeropuerto para tomar el próximo viaje de regreso. En la calle no había ni un poste de luz, todo era terriblemente oscuro y fácilmente se podían ver 10 motos por cada carro transitando. Las calles se veían solas y no había un sólo edificio. Me sentía en un lugar completamente desolado.

El alojamiento de empleados del hotel en el que trabajaría sería mi nuevo hogar. El lugar se encontraba igualmente entre penumbras y eran edificios de dos pisos de altura con pasillos largos. Eran las 9 de la noche y mi viaje había iniciado 12 horas antes. Ahí me recibió mi amiga y me llevó a lo que sería mi futura habitación, sólo que aún no lo sabía. Durante la noche, la sensación de querer regresar aumentaba y llegué a dudar que lograría adaptarme al lugar.

Al día siguiente comenzaría a trabajar a las 3 de la tarde y en la mañana debía hacer todo el papeleo en Recursos Humanos, además de ir a tomarme las fotos, hacerme exámenes médicos y un montón de cosas más. Me subí por primera vez a un motoconcho y no sólo iba yo, un compañero de trabajo que había ofrecido acompañarme iba en la moto también. Sí, así fue como supe que ése sería mi medio de transporte para todo lo que quisiera hacer y que podíamos ir dos personas junto al “chofer”.

Los primeros días no fueron nada fácil, no tenía teléfono, no tenía internet y comunicarme con mi familia y conocidos era complicadísimo.  Por otro lado me mantenía ocupada en el trabajo y no pensaba mucho. Sin embargo, el primer domingo fue un día en particular muy triste. Parece mentira que a pesar de haber trabajado y estar ocupada, la sensación del día no desaparece, es el típico día en el que estás en casa, pasas más tiempo con tu familia y aunque no siempre es así, siempre habrá otro domingo en el que lo harás.

Así poco a poco pasó el tiempo y yo comencé a acostumbrarme a esa nueva vida. Unos días me tocaba trabajar de 7am a 3pm, y otros de 3pm a 11pm. Una de las cosas que más me gustaba de salir a las 11 de la noche es que justo en esa época, la constelación de Escorpión se ve en todo su esplendor y todas las noches salía de la oficina caminando los casi 3 kilómetros que había entre el hotel y el alojamiento, escuchando música y viendo a ese cielo que en ninguna ciudad se ve tan estrellado y que aquí, precisamente por la poca luz que hay en la calle, nos da la oportunidad de disfrutar de ese espectáculo.

Por primera vez en mi vida pasé una navidad lejos de mi familia. La navidad aquí, ese año particularmente pasó por encima de mí, yo ni cuenta me di cuando comenzó ni cuando terminó. En ninguna parte se veían adornos (ni hablar de luces), no existe toda esa algarabía que caracteriza a las navidades venezolanas. Y ni se diga de las comidas típicas de la fecha, olvídense de hallacas, pan de jamón, pernil, ponche crema, nada de eso. A decir verdad, a mí todo ese alboroto de diciembre nunca me ha gustado mucho, me alteran las multitudes en los centros comerciales y en el centro de la ciudad sobre todo, y me enerva la música a todo volumen en cuanto negocio existe. Sin embargo, he de reconocer que lo extraño, aquí la gente es tan apática que ni navidad parece.

A los dos meses recibí el mejor regalo de cumpleaños, esa persona a quien había dejado siete meses atrás en Venezuela sin saber si algún día la encontraría de nuevo, llegó para visitarme por un par de meses y hace un año y medio que se quedó.

Desde entonces han sido muchos los cambios. Dejé el trabajo del hotel, nos hemos mudado 5 veces en el último año, tuvimos y perdimos a Quentin, y ahora me encuentro haciendo lo mismo que hacía en Venezuela antes de salir. Lo cierto es que crecí y no me di cuenta. Me hice adulta sin notarlo y ahora vivo mi vida, y la comparto con alguien más,  hasta me preocupo por cosas que nunca antes me habían preocupado. No ha sido fácil pero definitivamente ha sido una experiencia enriquecedora. Los pocos años que llevo aquí me han servido para darme cuenta que crecí en el lugar correcto, bajo las circunstancias perfectas y rodeada de los seres perfectos. Sin nada de eso yo no estaría donde estoy.

 

“No sé” y “No puedo”, no forman parte de mi diccionario práctico.

Manuscritos de la Memoria

Si marcas un punto de partida
y regresas a ese punto,
sabrás que el círculo es un punto
que se encontró a sí mismo
y que la eternidad es un camino
que tiene el largo de tus pies.

Si tu memoria te dice
que la eternidad se construye con lo efímero
como la primavera se edifica en los pétalos,
y que desde la tierra a la galaxia
existen reinos sobre reinos.

Si el mar está boca arriba o boca abajo;
Si el abismo fue un cielo que cayó de espaldas
o el cielo es otro abismo que viene cayendo
boca abajo,
para ti el mar
será un diluvio que alcanzó la vejez.

Si piensas que vienes
viajando desde el caos
para llegar a este momento
donde en una gota de rocío habita un mundo;
en las alas de un pájaro una galaxia,
en tus pies el planeta
y en tu cuerpo todos los cuerpos,
ya no serás un recién llegado a este momento.

Si a nadie pides que te espere
porque no sabes cuánto tardarás en
encontrarte,
ni que se apresure en llegar
porque con su recuerdo te basta.

Si la única ausencia que lamentas
es la de ti mismo
sabrás por tu memoria,
entonces,
que a las manos del otro debes
que tus manos sepan de ti y de los otros;
que todos somos la parte que al amor le falta
y dejarás de ser
el objeto de los objetos,
ya que todo exceso es delirio de uno mismo,
o del misterio que es uno mismo.

Si hoy para ti el amor
ya no riñe sino que interroga,
persuade o se va,
comprenderás que cuando dos quieren caber,
tanto en una nube como en una hoguera,
es porque se aman.

Si de regreso de tu memoria
ya no odias a nadie
más de lo que a sí mismo se odia,
ni lo amas
más de lo que a sí mismo se ama.

Si a pesar de lo poco que conoces de un ser,
puedes amar todo lo desconocido en él
estás amando su misterio y tu misterio.

Si ya no es doloroso para ti
que los demás quieran más y tú, menos;
Si ya no te inquietas
porque nadie conoce el precio de tu corazón.

Si de nada ni de nadie
dependes para ser fuerte o débil,
ya no amarás ninguna libertad que te esclavice;
ninguna que tengas que cercenar para sentirte
libre.

Si aquella arcilla de tu viaje
te recuerda
que heredaste una fortuna en sueños
y una deuda en realidades.
Que habitas hoy una choza
como ayer un palacio,
sabrás que es poco lo que tiene
que reunir un hombre
para viajar al país de sus hermanos.

Si recuerdas
que en una caverna
los primeros hombres
celebraron el descubrimiento del sol…
Si hoy, cada rostro te hace preguntarte
por su parecido con el león o la gacela,
y toda mano, con la caricia o con las garras,
amarás la tierra toda
y harás como la tierra
que ama todo lo que tiene
y todo lo que posee da
y por eso te ama a ti,
su hormiga más celeste.

Si en tu memoria encuentras vivo
aquel antepasado que, al morir, creyó morir.
Si piensas que el futuro
es promesa del pasado
porque este tiempo que tan suavemente pasa
viene borrando
-menos la suya-
toda inmortalidad,
sabrás que
tanto el olvido como el recuerdo
son una lección de distancia.

Si ya no necesitas ver morir
para comenzar a amar la vida,
porque cuando alguien muere
alguien está corriendo a reemplazarlo
y cuando alguien nace,
a justificarlo,
cuando llegue
tu instante
comprenderás que
con la tuya

alguien amará la vida
y podrás sonreir
porque somos viajeros,
no el viaje.

Si en tus laberintos
tu sangre te recuerda
que a partir del nacer es todo
y del morir la nada
que vuelve al todo.

Si sabes que un forjador
tanto puede hacer un puñal
como una campana
y que por igual jornal,
tanto trabaja
la vida como la muerte,
vivirás de cara
al Cielo
porque así, asciendes
y de pie, caminas.

Si sabes que tenemos
cinco sentidos
porque hasta allí
podemos contar,
dormidos
y tantos como sepamos
despertar
y contar, despiertos,
sabrás que vivir por vivir
no tiene sentido
y vivir
solo con sentido
no es vivir.

Hoy, como ayer,
sofocar tu enigma
es como impedirle
al cielo su relámpago
al torrente su música,
al árbol su nube
y a Dios su misterio.

Si ya sabes
de qué hablan tus días
con sus noches,
el sol
con su lámpara,
y las estrellas
con su galaxia;
sabrás que tu impaciencia
no perturba
a tu futuro
sino que lo envejece,
mientras en el desván
de tu memoria
siguen jugando
tus juguetes
más queridos
y tus dolores
más queridos.

Si a ninguna necesidad acudes
para que no te convierta en su mendigo.
Si no estás satisfecho con tu destino,
pero sabes que tu destino
contigo sí…
comprenderás que,
si el sol supiera el suyo,
ya habríamos muerto
porque -misterio del misterio-
en la verdad final
comienza la primavera.
Si ella te dice
que porque existen
pastores de catedrales en las catedrales
y pastores de almas en las almas
las verdades pequeñas mueren sin
predicadores
y las enormes los aplastan.
Si ella te dice
que si las conciencias
salieran a caminar se desplomaría
el planeta…
Sabrás que todos los malvados del mundo
no han logrado destruirlo
ni todos los santos salvarlo.
Y que, aunque la maldad desborde la tierra,
es el Bien
quien la sostiene.

NEMER IBN EL BARUD