Él

Se va acercando cada vez más. Le oigo. Está empezando a subir la escalera. Jadea. Se para. Se apoya en la barandilla para tomar aire. Resopla. Sigue subiendo. Lentamente, sin prisa. Llega al descansillo de la escalera. Allí se para. Sus jadeos disminuyen hasta que son casi imperceptibles. Dudo. No sé si sigue allí o se ha ido. Si está esperándome agazapado al doblar el descansillo, o si ha continuado su ascensión y ahora se encuentra detrás de mi puerta, sin hacer ruido, sin que yo le pueda oír; a la espera de su momento.
Espero en tensión. No puedo apartar los ojos de la puerta. Me tiene hipnotizada. Me mantengo con todos mis músculos rígidos, en tensión, esperando que en cualquier momento la puerta se abra y su sombra se abalance sobre mí. Pero no. No todavía.
De repente vuelvo a oír sus pisadas en el siguiente tramo de escaleras tras el descansillo y cómo su respiración se vuelve más fatigosa a medida que sube. Sonrío, le cuesta llegar y eso me da ventaja. No puedo esperar más. Agarro el edredón que me cubre y lo arranco de un tirón de la cama a la vez que me levanto y corro a esconderme en el armario. Todo ha sucedido en cuestión de segundos, pero al entrar en el armario y encerrarme allí, mi sentido del oído ya no me sirve como señal de aviso. Sólo puedo escuchar los latidos de mi corazón tronando a un ritmo frenético. Me parece que en cualquier momento va a estallar. También noto las venas de mi cuello hinchadas, a punto de reventar. Estoy empapada de sudor y el camisón se me pega al cuerpo.
Cuando consigo calmarme un poco, puedo volver a oír algo fuera de mí, algo que ya no soy yo. Otra vez sus jadeos, y un amago de tos sofocada para evitar que yo me percate de su presencia. Ese pensamiento me hace sonreír. Ya es demasiado tarde para hacerte el invisible – me dan ganas de decirle.
Parece muy lejano. Pero sé que está llegando. Y sigue subiendo. Sube, y sube. Creo que ya está aquí. Que se ha detenido justo delante de la puerta para volver a coger aire.
De pronto, oigo abrirse la puerta de la habitación. Me estoy imaginando cómo estará mirando hacia la cama, y al no verme allí durmiendo se sorprende.
Enciende la luz. Murmura algo que no alcanzo a comprender. Parece un gruñido que me pone la piel de gallina. Casi ni me atrevo a respirar por temor a que me oiga, y me pongo la mano sobre el pecho para tranquilizar a mi alocado corazón.
Le oigo andar hacia la cama, sentarse sobre ella haciendo sonar sus maltratados muelles, rascarse la cabeza, y levantarse de nuevo. Durante unos breves instantes que se me antojan eternos no oigo nada a parte de a mí misma. ¿Qué estará haciendo?. En mi mente danzan una tras otra miles de posibles respuestas… Esta espera me está matando.
A mi bulliciosa cabecita me viene una morbosa comparación que no querría haber pensado. La situación en la que me encuentro se parece a aquella de los que saben que van a morir en cualquier momento porque están en el ojo de mira de un asesino. Es preferible no saberlo, o tener al asesino frente a frente apuntándote con un arma sabiendo que tus segundos están contados. Pero no esto. No esta horrible espera.
De repente oigo sus pisadas acercándose al armario en el que estoy. Parece como si quisiera no hacer ruido, como si anduviera de puntillas, muy despacio. ¿Tal vez se está regocijando con lo que va a pasar a continuación?
Se acabó. Es el final.
Me imagino su mano agarrando el pomo de la puerta del armario. Ya empieza a girar lentamente, o ¿es sólo mi exacerbada imaginación? Y de repente, la puerta se abre.
Una ráfaga de luz me inunda, me ciega en este cubículo oscuro en el que me encuentro; y ya no veo nada.
De pronto, su sombra aparece en el centro. Me mira. Sonríe.
– ¡Te encontré! ¡Ya eres mía! ¡A mis brazos, mocosa!
Yo también sonrío. Era imposible escapar de esa sonrisa desdentada y ese olor mohoso.
– ¡Abuelito, ya era hora! ¡Has tardado mucho!

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La única gente que me interesa es la que está loca

“Pero entonces bailaban por las calles como peonzas enloquecidas, y yo vacilaba tras ellos como he estado haciendo toda mi vida mientras sigo a la gente que me interesa, porque la única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas y entonces se ve estallar una luz azul y todo el mundo suelta un ‘¡Ahhh!’.”

Jack Kerouac

En el camino, 1957

Post exclusivamente dedicado a @Yobaira por su cumpleaños. Te quiero, negra.

A mi loca

La semana que viene se cumplirán 3 años desde que me fui de Venezuela, y a decir verdad me acostumbré tanto a estar lejos que aprendí a no extrañar. He cultivado una extraña capacidad de desprendimiento que a muchos sorprende y pues, es que me ha tocado separarme de tantas personas y cosas que si no tuviera esa capacidad, sencillamente me habría vuelto loca. Sin embargo, no sé por qué, hoy extraño a rabiar y justo me encontré con un video que me hizo extrañar aún más a una loca que, si no fuera por ella yo no sería quien soy hoy en día.

Te extraño, mi loca.

Tu cuerpo

Tu cuerpo,
Es como el mismo firmamento,
Infinito y verdadero.

Tiene estrellas,
Huecos oscuros,
Pasadizos,
Estrellas fugaces,
Luceros,
Lunas,
Cometas,
Planetas,
Constelaciones completas.

Es único,
Es universal,
Tiene energía estelar.

En el encuentro a mercurio,
Venus, Marte, Urano, Plutón,
Saturno, Neptuno, La Tierra,
El Sol y La luna.

Él es asombroso y único,
En él hay temperatura,
Calor,
Presión atmosférica,
Humedad,
Densidad.

Encierra Maremotos,
Marejadas,
Tifones,
Tornados,
Huracanes,
Ciclones,
Tsunamis,
Sismos,
Temblores.

Tu cuerpo es como el mismo firmamento,
Infinito, universal y verdadero.

El Dulce Sabor de Una Mujer Exquisita

Si aún no ha pasado el bisturí por tu piel

Si no tienes implantes de silicona en alguna parte de tu cuerpo

Si los rollitos no te generan trauma

Si nunca has sufrido de anorexia

Si tu estatura no afecta tu desarrollo personal

Si cuando vas a la playa prefieres divertirte en el mar y no estar sobre una toalla durante horas

Si crees que la fidelidad sí es posible y la practicas

Si sabes cómo se prepara un arroz

Si puedes preparar un almuerzo completo

Si tu prioridad no es ser rubia a como dé lugar

Si no te levantas a las 4:00 a.m. para llegar primera al gimnasio

Si puedes salir con ropa de gimnasia tranquila a la calle un domingo sin una gota de maquillaje en el rostro…

ESTÁS EN VÍA DE EXTINCIÓN….

Una mujer exquisita no es aquella que más hombres tiene a sus pies, sino aquella que tiene uno solo que la hace realmente feliz.

Una mujer hermosa no es la más joven, ni la más flaca, ni la que tiene el cutis más terso o el cabello más llamativo, es aquella que con tan sólo una franca y abierta sonrisa y un buen consejo puede alegrarte la vida.

Una mujer valiosa no es aquella que tiene más títulos, ni más cargos académicos, es aquella que sacrifica su sueño temporalmente por hacer felices a los demás.

Una mujer exquisita no es la más ardiente (aunque si me preguntan a mí, todas las mujeres son muy ardientes… los que estamos fuera de foco somos los hombres ) sino la que vibra al hacer el amor solamente con el hombre que ama.

Una mujer interesante no es aquella que se siente halagada al ser admirada por su belleza y elegancia, es aquella mujer firme de carácter que puede decir NO.
Y un HOMBRE… UN HOMBRE EXQUISITO es aquel que valora a una mujer así…

Que se siente orgulloso de tenerla como compañera….

Que sabe tocarla como un músico virtuosísimo toca su amado instrumento…

Que lucha a su lado compartiendo todos sus roles, desde lavar platos y atender tripones, hasta devolverle los masajes y cuidados que ella le prodigó antes.

La verdad, compañeros hombres, es que las mujeres en eso de ser ‘Muy machas’ nos llevan gran recorrido…

¡Qué tontos hemos sido -y somos- cuando valoramos el regalo solamente por la vistosidad de su empaque…!

Tonto y mil veces tonto el hombre que come mierda en la calle, teniendo un exquisitísimo manjar en casa.

Gabriel García Márquez