El ‘por lo menos’ nuestro de cada día

Hoy venía caminando desde donde me deja el carrito hasta mi casa (aproximadamente 5 cuadras), delante de mí venía un señor con su hija que iba unos pasos más adelante que él. De pronto siento un revuelo, gente grita, el señor le hace señas a su hija para que se devuelva y yo me asomo hacia la calle y más adelante de nosotros veo una moto taxi parada al ras de la acera en vía contraria a nosotros, es decir, de frente. Detrás de esta moto taxi venía corriendo un muchacho para subirse en ella y detrás de él, en el piso, una señora que estaba siendo evidentemente arrastrada por éste.

Instintivamente me volteo y tanto el señor como su hija, una muchacha que venía detrás de mí y yo nos paramos al lado de la entrada de un edificio cubiertos a medias por unos matorrales, nada que realmente nos protegiera. A la par pensaba que qué bolas que dejamos a la señora ahí tirada y no hicimos nada. En eso pasaron los motorizados y salimos. La muchacha que venía atrás no había visto qué pasó y nos preguntaba. Mientras le cuento lo que había visto, veíamos y nos acercábamos a la señora que ya se había levantado del piso a la vez que una gente en un carro le ofrecía llevarla desde el otro lado de la acera. Vimos cómo se subió al carro y llevaba con ella su cartera, finalmente la mujer no la soltó en ningún momento y no se dejó robar.

Yo seguía explicándole a la muchacha lo que pasó (todo esto fue en cuestión de segundos, se lee mucho pero pasa en un santiamén) y de repente el señor se voltea y me dice:”Ay ya deja de llorar que no la robaron”. Ni siquiera me atreví a hacer el intento de explicarle el tamaño de la estupidez que acababa de decirme y lo dejé seguir su camino.

Y aquí es donde hago la reflexión que mientras le sigamos dando las gracias al “por lo menos” nunca saldremos realmente de donde estamos. Mis días están llenos de: “Chamo me robaron, pero por lo menos no me mataron”, “El sueldo no me alcanza ni para hacer el mercado, pero por lo menos tengo trabajo”, “Fui al supermercado, no encontré lo que necesitaba, pero por lo menos conseguí un potecito de leche (después de una cola de 5 horas) para el tetero de mi chamo”, “Le pagué a un buhonero el triple por una Harina PAN, pero por lo menos le puedo hacer una arepita para la lonchera a los niños”, y en el caso de mi relato y lo que realmente escondía el comentario del señor: “Me tiraron al piso, me arrastraron y golpearon, pero por lo menos no me robaron”.

Mientras sigamos rindiéndole culto al “por lo menos”, nunca sabremos lo que es vivir en un país “por lo menos” decente.

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Más uno

Hoy me despertaron con un mensaje de cumpleaños muy especial, y en él venía el texto que les comparto a continuación. Creo haberlo leído un par de veces antes pero nunca me había sentido tan identificada con cada letra, con cada palabra y cada párrafo.

Es por eso que se los comparto, porque representa exactamente lo que siento y vivo en estos momentos. Eso sí, siempre siempre con el interés de seguir creciendo.

¿Que cuántos años tengo?

 

Frecuentemente me preguntan que cuántos años tengo…

¡Qué importa eso!

Tengo la edad que quiero y siento. La edad en que puedo gritar sin miedo lo que pienso. Hacer lo que deseo, sin miedo al fracaso, o lo desconocido.

Tengo la experiencia de los años vividos y la fuerza de la convicción de mis deseos.

¡Qué importa cuántos años tengo! No quiero pensar en ello.

Unos dicen que ya soy viejo y otros que estoy en el apogeo.

Pero no es la edad que tengo, ni lo que la gente dice, sino lo que mi corazón siente y mi cerebro dicte.

Tengo los años necesarios para gritar lo que pienso, para hacer lo que quiero, para reconocer yerros viejos, rectificar caminos y atesorar éxitos.

Ahora no tienen por qué decir: Eres muy joven… no lo lograrás.

Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma, pero con el interés de seguir creciendo. Tengo los años en que los sueños se empiezan a acariciar con los dedos, y las ilusiones se convierten en esperanza.

Tengo los años en que el amor, a veces es una loca llamarada, ansiosa de consumirse en el fuego de una pasión deseada.

Y otras un remanso de paz, como el atardecer en la playa.

¿Que cuántos años tengo? No necesito con un número marcar, pues mis anhelos alcanzados, mis triunfos obtenidos, las lágrimas que por el camino derramé al ver mis ilusiones rotas… valen mucho más que eso.

¡Qué importa si cumplo veinte, cuarenta, o sesenta!

Lo que importa es la edad que siento.

Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos.

Para seguir sin temor por el sendero, pues llevo conmigo la experiencia adquirida y la fuerza de mis anhelos.

¿Qué cuantos años tengo? ¡Eso a quién le importa!

Tengo los años necesarios para perder el miedo y hacer lo que quiero y siento.

José Saramago

Gracias

Hoy hace exactamente un año que creé el blog. La verdad, ya ni recuerdo por qué lo abrí. Tras 63 entradas y más de 4200 visitas, en este pequeño espacio se encuentran los recuerdos de un año pasado, y el comienzo de uno nuevo. A través de él compartí la experiencia de dejar mi país natal para aventurarme en otro completamente desconocido, abrí viejas heridas y traté de cerrar otras no tan viejas. Lo comencé en un país y lo continúo en otro. En fin, se ha convertido en una suerte de catalizador, de pensadero y desahogadero junto a una mezcla de frustraciones, tristezas y alegrías compartidas.

Gracias a los que han estado desde el comienzo y se mantienen, a los que estuvieron al principio y hoy por alguna razón ya no lo están, a los nuevos, a los que constantemente comparten las entradas que les gustan, a los que de vez en cuando dejan un comentario o envían algún mensaje privado para decirme que tal o cual entrada los conmovió, a ti que me lees en silencio y que sin querer dejas una pequeña huella. En fin, gracias por acompañarme en este extraño camino de letras cómplices del tiempo.

A mi loca

La semana que viene se cumplirán 3 años desde que me fui de Venezuela, y a decir verdad me acostumbré tanto a estar lejos que aprendí a no extrañar. He cultivado una extraña capacidad de desprendimiento que a muchos sorprende y pues, es que me ha tocado separarme de tantas personas y cosas que si no tuviera esa capacidad, sencillamente me habría vuelto loca. Sin embargo, no sé por qué, hoy extraño a rabiar y justo me encontré con un video que me hizo extrañar aún más a una loca que, si no fuera por ella yo no sería quien soy hoy en día.

Te extraño, mi loca.

Sólo por hoy

Hoy volví a pensarte. Ya no sé si te extraño o te necesito pero al menos sólo por hoy permití darle rienda suelta al pensamiento.

No podía dejar pasar la oportunidad de escribirlo y plasmar en pocas líneas lo que, queramos o no, formó parte de nuestra historia. Una historia llena de recovecos, crecimiento, aprendizajes, dulces amargos y maravillosas alegrías que nos acompañaron por mucho tiempo, que nos llevaron a lugares inimaginables y gracias a los que hoy somos lo que somos.

Nuestra historia comenzó como pocas y nunca creímos que llegaría a lo que llegó, creo que tanto a ti como a mí nos sorprendió por igual pero supongo que de eso se trata, que nunca lo pretendimos y sólo dejamos que el tiempo hiciera lo suyo. Hoy por hoy nuestras vidas se encuentran muy lejos de lo que creíamos que llegarían a ser y cada quien tomó su camino. Quizá algún día nos encontremos y podamos compartir las experiencias por las que nos llevaron esos caminos, o quizá no pero al menos me doy la oportunidad de dejarlo en estas breves líneas.

No puedo dejar pasar por alto esa gran travesía llena de contorsiones mandibulares (jajaja), sueños instantáneos, mariposas, estrellas de colores, pichus y michis, que me hizo crecer, amar, creer, soñar y tantas otras cosas que sólo tú y yo sabremos. Y más allá de los intentos fallidos, las mentiras elaboradas, lágrimas que fueron y vinieron, lo bonito prevalece porque si de algo estoy segura, es que fui inmensamente feliz.

Y sí, hoy, exactamente a 4 años de ese día en que todo comenzó te dejo ir sintiéndome en paz conmigo misma pues sé que durante este tiempo te di lo mejor de mí, de mi vida, de mi amor, de mi existencia y eso, eso no nos lo va a quitar nadie.

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