Y se fue el 2011

Año tras año, a finales de diciembre, mi familia recibe una carta de un tío al que quiero mucho y que vive muy lejos desde hace mucho.. Se ha vuelto en una suerte de tradición y junto a eso, yo, cada año, espero con ansias esta carta. Siempre logra arrancarme sonrisas, suspiros, alegrías y muchas veces lágrimas llenas de nostalgia. En fin, es una montaña rusa de emociones y nunca adviertes a dónde va a llegar.

La carta de este año no fue la excepción, si bien en ésta no hizo referencia a su añoranza por nuestras costumbres decembrinas (como casi siempre nos lo hace recordar) o lo mucho que extraña las comidas venezolanas, las risas, los cumpleaños, nacimientos y celebraciones que se ha perdido, su preocupación por la situación del país y los que aquí estamos, pretende llevarnos a la reflexión y por supuesto nos invita a subirnos en esa montaña rusa de emociones de la que nunca me aburriré.

Hoy quiero compartirla con ustedes y de esta manera abrir el año en el blog, que bastante abandonado lo tengo, lo sé (no me lo recuerden) y así, muy oportunamente comprometerme a dedicarle más tiempo a este espacio, que como ya muchas veces he dicho, se ha convertido en mi desahogadero, en mi catalizador y gran compañero.

¿Cómo?  ¿Ya pasó otro año?

Es lo mismo cada año.  Nos sorprendemos preguntándonos qué pasó con los otros 364 días y cómo llegamos tan rápido a otro fin de año.  Nos da la tentación de decir “Sí, el tiempo vuela” pero nos damos cuenta, como nos lo recordó Einstein hace ya tantos años, que el tiempo no vuela y ni siquiera pasa.  El tiempo es totalmente relativo y es tan inescrutable y complicado de comprender como lo es la gravedad (¿Qué? ¿Crees que entiendes a la gravedad?  ¡Ufa!  Tenemos mucho de qué hablar).

Entonces, el tiempo es relativo, lo cual quiere decir que pasa en formas que en realidad no podemos medir. Tu reloj de pulsera en realidad no mide el tiempo.  Esa maquinita que llevas amarrada a tu muñeca  simplemente define el tiempo de acuerdo a la base arbitraria sobre la cual lo construimos, convenciones sobre los segundos, minutos, horas, días y meses sobre las cuales nos hemos puesto de acuerdo (bueno, muchos de nosotros; otros utilizan sistemas diferentes, como los diferentes calendarios comunes en otras partes del mundo). Entonces, ¿cómo pensamos o sentimos acerca de esta cosa que llamamos “el tiempo”?

Presentimos que el tiempo es un material precioso, algo que debemos utilizar sabiamente, sin importar como lo medimos.  A pesar de que llevamos puesto relojes para poder comunicarnos y mantenernos en sintonía con nuestros colegas y asociados, a veces dejamos el reloj atrás porque se convierte más en una carga que en una herramienta.  Por ejemplo, el tiempo que pasamos leyendo un buen libro no se puede medir en minutos o en horas.  Se mide en sentimientos, emociones y pensamientos.  A menudo pasamos un largo rato en un párrafo escrito particularmente bien y pausamos allí, disfrutando la construcción de una frase, un diálogo inspirado o la descripción de un lugar muy lejano.  Así mismo, el tiempo que pasamos escribiendo una carta o un ensayo, pasa en formas que son sorprendentes, tan rápido y suavemente que nos encontramos deseando que ojalá pudiéramos hacer esto todos los días, por siempre.

El tiempo que pasamos en las primeras horas de la mañana mirando a nuestra pareja dormir a nuestro lado no se puede medir en ninguna otra forma que a través de la emoción profunda.  Este tiempo circula a nuestro alrededor en la suave cadencia de su pausado respirar, en la suavidad de la luz que se filtra a través de la ventana, en el trayecto de un rayo de luz a lo largo de su hombro, y en sobrecogedor sentimiento de asombro ante la enorme fortuna de tener a esta persona aquí a nuestro lado. Pasa en unos minutos; dura toda una eternidad.

Nuestros pensamientos viven en su propio marco aparte.  Pausamos sobre un tema o situación particularmente difícil y el tiempo parece detenerse o ir a un paso minúsculo, un progreso microscópico a través de selecciones y opciones, decisiones y argumentos.  Nos sorprende a veces cuanto tiempo (de acuerdo a nuestro reloj) hemos pasado en un problema en particular.  Y también, con la misma frecuencia, nos sorprendemos por la rapidez de haber navegado a través de un complejo de ideas y haber llegado al clásico momento en que gritamos “¡Al fin!” con satisfacción y felicidad.

Nos sentimos desconcertados sobre el paso del tiempo cuando soñamos, cuando las reglas y convenciones normales sobre el tiempo y el espacio no significan nada.  En este mundo de sueños no nos sorprende viajar a través del tiempo y el espacio, movernos de un lugar a otro en un instante, hablar con personas que han dejado este mundo hace mucho tiempo, desafiar a la fuerza de la gravedad o retar a uno de nuestros demonios; caer al suelo presa del terror ante un monstro imaginario, gritar sin hacer sonido, o amar con una pasión que nos hace despertar con nuestro corazón al galope.  En nuestros sueños, el tiempo no significa nada, tal y como debe ser, pues sin el estamos libres para volar y vagar.

El reloj interno de nuestro cuerpo mantiene su propio paso, manejable a través de nuestros pensamientos y con su propio sentido de la luz, el calor y las estaciones.  La operación de este “reloj” es uno de esos pequeños misterios, pero definitivamente existe.   Este es el reloj que nos dice, infaliblemente, que debemos despertar 5 segundos antes de que suene la alarma; el que nos recuerda que somos un poquito más lentos que el año pasado, o un poquito más pesados.  Es el instrumento que nos permite descubrir las arrugas nuevas en nuestras frente, el que registra la migración de nuestra línea del cabello, los cambiantes tonos del color de nuestro pelo y que se obsesa con esas bolsitas bajo los ojos.  El tictac de este reloj no es parejo o predecible, tan relativo como el universo y tan relevante como nuestros genes.  Es el reloj que nos dice que no perdamos el tiempo en actividades irrelevantes, en disgustos o en falacias; es el que nos ruega que nos concentremos en las cosas “importantes” a pesar de que nuestro cerebro es a menudo incapaz de definir cuáles son esas cosas, sin importar cuán a menudo leemos sobre ellas o las vemos en una lista.  La familia, la amistad, la salud, el amor, la generosidad, el altruismo, la comunidad.  Las conocemos a todas; estamos convencidos de que ellas son las cosas más importantes de nuestras vidas, pero sin embargo…

Nos inquietamos y preocupamos sobre el dinero, sobre el trabajo, sobre fechas y obligaciones y productos; chequeamos nuestro correo electrónico constantemente, a menudo a horas extrañas del día o de la noche, en los fines de semana, en días feriados y en nuestras vacaciones, en nuestras computadoras portátiles, teléfonos y tabletas.  Tenemos 3 o 4 cuentas de correo, facebook, Linked-in, Skype y quién sabe que otra cosa.  Y nunca tenemos tiempo suficiente de mantener todo esto en orden, de balancear la chequera, pagar las cuentas a tiempo, mantener limpia la casa, asegurarnos que comamos por lo menos dos veces al día, y que no olvidemos darles de comer a los gatos y limpiar su letrinita o regar a las plantas. Perdemos el sueño preocupándonos sobre la reunión de mañana. Caramba, pasamos tanto tiempo en reuniones que nos preguntamos cuando vamos a tener tiempo de hacer trabajo de verdad.  Podríamos continuar, pero ya hemos dicho demasiado.

De hecho, tú ya has pasado un tiempo precioso leyendo esta carta y probablemente te preguntas adónde vamos con esto.  Bueno, es una forma de decirte que la lista que mencionamos arriba no es tan insignificante como nuestro mundo diario nos quisiera decir.  Esa lista vive en nuestros corazones y sale a la luz con frecuencia para ser evaluada.  Los elementos de esa lista, la familia, los amigos, el amor, la comunidad, nos hacen invertir nuestro precioso tiempo escribiendo cartas y cocinando ricas comidas, seleccionando pequeños regalos y pensando cómo vamos a compartir nuestro tiempo y nuestra buena fortuna.  Estas cosas nos hacen ir más despacio cuando nos apuramos en nuestro paso por el pueblo haciendo diligencias y nos hacen pausar  y saludar a alguien o sonreír a una cara familiar que pasa; nos hacen apreciar el tiempo que pasamos esperando en una fila en la oficina de correo, o esperando a que la gente desembarque del ferri.  Estas cosas nos hacen parar y acariciar al perro de un caminante, o tomar un desvío zigzagueante solo para ver si alguien está en la tienda o en la oficina.  “Una pérdida de tiempo” puede decir alguien.  Nosotros diríamos “una creación de tiempo.”  Si, así somos de poderosos. Podemos crear el tiempo para cumplir nuestras necesidades y para alimentar a nuestro espíritu; para llenar a otros de alegría o simplemente sacarles una sonrisa.  Podemos construir el tiempo para hacer esa llamada por teléfono que da consuelo y esperanza, o escribir esa carta (y hasta ese correo electrónico) que le brinda luz al día de alguien que sufre o está necesitado.  Podemos crear el tiempo para ser saludables, para querernos y ser queridos y para apreciar las cosas pequeñas de la vida.

Te deseamos éxito creando el tiempo que necesitas para poder seguir tus sueños.

Carlos Luis de la Rosa

La única gente que me interesa es la que está loca

“Pero entonces bailaban por las calles como peonzas enloquecidas, y yo vacilaba tras ellos como he estado haciendo toda mi vida mientras sigo a la gente que me interesa, porque la única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas y entonces se ve estallar una luz azul y todo el mundo suelta un ‘¡Ahhh!’.”

Jack Kerouac

En el camino, 1957

Post exclusivamente dedicado a @Yobaira por su cumpleaños. Te quiero, negra.

Tu cuerpo

Tu cuerpo,
Es como el mismo firmamento,
Infinito y verdadero.

Tiene estrellas,
Huecos oscuros,
Pasadizos,
Estrellas fugaces,
Luceros,
Lunas,
Cometas,
Planetas,
Constelaciones completas.

Es único,
Es universal,
Tiene energía estelar.

En el encuentro a mercurio,
Venus, Marte, Urano, Plutón,
Saturno, Neptuno, La Tierra,
El Sol y La luna.

Él es asombroso y único,
En él hay temperatura,
Calor,
Presión atmosférica,
Humedad,
Densidad.

Encierra Maremotos,
Marejadas,
Tifones,
Tornados,
Huracanes,
Ciclones,
Tsunamis,
Sismos,
Temblores.

Tu cuerpo es como el mismo firmamento,
Infinito, universal y verdadero.

Quiero

No quiero ser la mujer de tus sueños, quiero ser la que esté a tu lado cuando despiertes de ellos. Quiero ser parte de tu vida y que seas parte de la mía. Quiero sonreír con tu llegada y angustiarme con tu partida.

Quiero enseñarte todo lo que sé sobre las estrellas. Quiero mostrarte la Vía Láctea, explicarte por qué a Venus le llaman la estrella del alba y del atardecer y que sepas que mi constelación favorita es la de Escorpión.

Quiero que nombres mis pecas y descubras ese lunar que casi nadie conoce. Quiero que conozcas la manera en que mi nariz hace un gesto gracioso cuando algo me avergüenza.

Quiero hacer el intento de preparar tu comida favorita y que me quede tan mal que nunca más me dejes hacerlo de nuevo. Quiero enseñarte a preparar sushi y que entiendas por qué es mejor salir a comprarlo que hacerlo en casa.

Quiero que sonrías siempre que me emociono cada vez que voy al cine porque comeré cotufas más que por la película en sí. Quiero enseñarte a disfrutar de las pequeñas cosas de la vida y que a veces el silencio se difruta mejor en compañía.

Quiero que en las noches de frío juntes tus pies con los míos y me brindes calor. Quiero que me odies por despertarte a las 3 de la madrugada sólo para contarte que soñé con un unicornio y que quiero que me regales uno.

Quiero que hagas el esfuerzo de pretender que me entiendes cuando en realidad no lo haces y que hagas hasta lo imposible por dibujar una sonrisa en mi rostro cuando parezca que nada lo haría.

Quiero que te enojes cuando me pongo intensa y descubras cómo manejarme en esas situaciones. Quiero abrazarme a ti cuando dudo de mí misma y me recuerdes por qué no debo hacerlo.

Quiero sentir la libertad de mostrarte quién soy y de poder comportarme como una niña cuando quiero algo y no lo consigo. Quiero que me quieras como nadie lo ha hecho y mejor aún, que no temas demostrarlo. Quiero que me digas que me amas y sentir miedo al escucharlo.

Quiero que me sucedas.

Mostrando vida a través de la lente

Hace unos días navegando como usualmente lo hago, leyendo de todo un poco pasando de enlance en enlace sin saber de dónde partí y ni si buscaba algo en particular, di con esta página, que me llevó a recordar la colección de revistas de National Geographic’s que durante años fui creando en Venezuela y que, lamentablemente, tuve que dejar.

Este tipo de fotografías (en su mayoría) tiene la capacidad de envolverte de paz, de creer que todo es posible y no existen límites para nada. Es maravilloso el poder sentir lo que el fotógrafo nos quiere mostrar y cómo su percepción se encuentra grabada en cada imagen. No podría realmente explicar lo que ellas producen en mí, es algo demasiado grande, demasiado abrumador y sublime a la vez como para poder conseguir palabras que describan lo que realmente quiero decir.

Aquí compartiré 11 de las 47 fotografías expuestas en el concurso y que lograron ese efecto en mí, a plenitud. En realidad me encantaría colocarlas todas pero son muchas.. Igual pueden visitar la página que arriba menciono para conocer todas las fotos participantes.