No te rindas

No te rindas, aún estás a tiempo

de alcanzar y comenzar de nuevo,

aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,

liberar el lastre, retomar el vuelo.

 

No te rindas que la vida es eso,

continuar el viaje,

perseguir tus sueños,

destrabar el tiempo,

correr los escombros y destapar el cielo.

 

No te rindas, por favor no cedas,

aunque el frío queme,

aunque el miedo muerda,

aunque el sol se esconda y se calle el viento,

aún hay fuego en tu alma,

aún hay vida en tus sueños,

porque la vida es tuya y tuyo también el deseo,

porque lo has querido y porque te quiero.

 

Porque existe el vino y el amor, es cierto,

porque no hay heridas que no cure el tiempo,

abrir las puertas quitar los cerrojos,

abandonar las murallas que te protegieron.

 

Vivir la vida y aceptar el reto,

recuperar la risa, ensayar el canto,

bajar la guardia y extender las manos,

desplegar las alas e intentar de nuevo,

celebrar la vida y retomar los cielos,

 

No te rindas por favor no cedas,

aunque el frío queme,

aunque el miedo muerda,

aunque el sol se ponga y se calle el viento,

aún hay fuego en tu alma,

aún hay vida en tus sueños,

porque cada día es un comienzo,

porque esta es la hora y el mejor momento,

porque no estás sola,

porque yo te quiero.

 

Mario Benedetti

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Él

Se va acercando cada vez más. Le oigo. Está empezando a subir la escalera. Jadea. Se para. Se apoya en la barandilla para tomar aire. Resopla. Sigue subiendo. Lentamente, sin prisa. Llega al descansillo de la escalera. Allí se para. Sus jadeos disminuyen hasta que son casi imperceptibles. Dudo. No sé si sigue allí o se ha ido. Si está esperándome agazapado al doblar el descansillo, o si ha continuado su ascensión y ahora se encuentra detrás de mi puerta, sin hacer ruido, sin que yo le pueda oír; a la espera de su momento.
Espero en tensión. No puedo apartar los ojos de la puerta. Me tiene hipnotizada. Me mantengo con todos mis músculos rígidos, en tensión, esperando que en cualquier momento la puerta se abra y su sombra se abalance sobre mí. Pero no. No todavía.
De repente vuelvo a oír sus pisadas en el siguiente tramo de escaleras tras el descansillo y cómo su respiración se vuelve más fatigosa a medida que sube. Sonrío, le cuesta llegar y eso me da ventaja. No puedo esperar más. Agarro el edredón que me cubre y lo arranco de un tirón de la cama a la vez que me levanto y corro a esconderme en el armario. Todo ha sucedido en cuestión de segundos, pero al entrar en el armario y encerrarme allí, mi sentido del oído ya no me sirve como señal de aviso. Sólo puedo escuchar los latidos de mi corazón tronando a un ritmo frenético. Me parece que en cualquier momento va a estallar. También noto las venas de mi cuello hinchadas, a punto de reventar. Estoy empapada de sudor y el camisón se me pega al cuerpo.
Cuando consigo calmarme un poco, puedo volver a oír algo fuera de mí, algo que ya no soy yo. Otra vez sus jadeos, y un amago de tos sofocada para evitar que yo me percate de su presencia. Ese pensamiento me hace sonreír. Ya es demasiado tarde para hacerte el invisible – me dan ganas de decirle.
Parece muy lejano. Pero sé que está llegando. Y sigue subiendo. Sube, y sube. Creo que ya está aquí. Que se ha detenido justo delante de la puerta para volver a coger aire.
De pronto, oigo abrirse la puerta de la habitación. Me estoy imaginando cómo estará mirando hacia la cama, y al no verme allí durmiendo se sorprende.
Enciende la luz. Murmura algo que no alcanzo a comprender. Parece un gruñido que me pone la piel de gallina. Casi ni me atrevo a respirar por temor a que me oiga, y me pongo la mano sobre el pecho para tranquilizar a mi alocado corazón.
Le oigo andar hacia la cama, sentarse sobre ella haciendo sonar sus maltratados muelles, rascarse la cabeza, y levantarse de nuevo. Durante unos breves instantes que se me antojan eternos no oigo nada a parte de a mí misma. ¿Qué estará haciendo?. En mi mente danzan una tras otra miles de posibles respuestas… Esta espera me está matando.
A mi bulliciosa cabecita me viene una morbosa comparación que no querría haber pensado. La situación en la que me encuentro se parece a aquella de los que saben que van a morir en cualquier momento porque están en el ojo de mira de un asesino. Es preferible no saberlo, o tener al asesino frente a frente apuntándote con un arma sabiendo que tus segundos están contados. Pero no esto. No esta horrible espera.
De repente oigo sus pisadas acercándose al armario en el que estoy. Parece como si quisiera no hacer ruido, como si anduviera de puntillas, muy despacio. ¿Tal vez se está regocijando con lo que va a pasar a continuación?
Se acabó. Es el final.
Me imagino su mano agarrando el pomo de la puerta del armario. Ya empieza a girar lentamente, o ¿es sólo mi exacerbada imaginación? Y de repente, la puerta se abre.
Una ráfaga de luz me inunda, me ciega en este cubículo oscuro en el que me encuentro; y ya no veo nada.
De pronto, su sombra aparece en el centro. Me mira. Sonríe.
– ¡Te encontré! ¡Ya eres mía! ¡A mis brazos, mocosa!
Yo también sonrío. Era imposible escapar de esa sonrisa desdentada y ese olor mohoso.
– ¡Abuelito, ya era hora! ¡Has tardado mucho!

El Dulce Sabor de Una Mujer Exquisita

Si aún no ha pasado el bisturí por tu piel

Si no tienes implantes de silicona en alguna parte de tu cuerpo

Si los rollitos no te generan trauma

Si nunca has sufrido de anorexia

Si tu estatura no afecta tu desarrollo personal

Si cuando vas a la playa prefieres divertirte en el mar y no estar sobre una toalla durante horas

Si crees que la fidelidad sí es posible y la practicas

Si sabes cómo se prepara un arroz

Si puedes preparar un almuerzo completo

Si tu prioridad no es ser rubia a como dé lugar

Si no te levantas a las 4:00 a.m. para llegar primera al gimnasio

Si puedes salir con ropa de gimnasia tranquila a la calle un domingo sin una gota de maquillaje en el rostro…

ESTÁS EN VÍA DE EXTINCIÓN….

Una mujer exquisita no es aquella que más hombres tiene a sus pies, sino aquella que tiene uno solo que la hace realmente feliz.

Una mujer hermosa no es la más joven, ni la más flaca, ni la que tiene el cutis más terso o el cabello más llamativo, es aquella que con tan sólo una franca y abierta sonrisa y un buen consejo puede alegrarte la vida.

Una mujer valiosa no es aquella que tiene más títulos, ni más cargos académicos, es aquella que sacrifica su sueño temporalmente por hacer felices a los demás.

Una mujer exquisita no es la más ardiente (aunque si me preguntan a mí, todas las mujeres son muy ardientes… los que estamos fuera de foco somos los hombres ) sino la que vibra al hacer el amor solamente con el hombre que ama.

Una mujer interesante no es aquella que se siente halagada al ser admirada por su belleza y elegancia, es aquella mujer firme de carácter que puede decir NO.
Y un HOMBRE… UN HOMBRE EXQUISITO es aquel que valora a una mujer así…

Que se siente orgulloso de tenerla como compañera….

Que sabe tocarla como un músico virtuosísimo toca su amado instrumento…

Que lucha a su lado compartiendo todos sus roles, desde lavar platos y atender tripones, hasta devolverle los masajes y cuidados que ella le prodigó antes.

La verdad, compañeros hombres, es que las mujeres en eso de ser ‘Muy machas’ nos llevan gran recorrido…

¡Qué tontos hemos sido -y somos- cuando valoramos el regalo solamente por la vistosidad de su empaque…!

Tonto y mil veces tonto el hombre que come mierda en la calle, teniendo un exquisitísimo manjar en casa.

Gabriel García Márquez

Aprovecha el tiempo

Retomando un poco aquello para lo que creé el blog, les comparto un poema (otro) de Walt Whitman. La frase Carpe Diem se volvió en un ícono tras haber sido utilizada por Robin Williams en su papel como el Profesor John Keating en la película La Sociedad de los Poetas Muertos, donde enseña a sus alumnos la importancia de aprovechar el tiempo y logra grandes cambios en muchos de ellos. Si no la han visto, pues no saben de la obra maestra que se han perdido. Recomiendo altamente verla.

Por lo pronto aquí les dejo el poema, y no olviden nunca aprovechar al máximo el tiempo.

Carpe Diem

Aprovecha el día.

No dejes que termine sin haber crecido un poco, sin haber sido feliz, sin haber alimentado tus sueños.

No te dejes vencer por el desaliento. No permitas que nadie te quite el derecho de expresarte, que es casi un deber.

No abandones tus ansias de hacer de tu vida algo extraordinario…

No dejes de creer que las palabras y la poesía sí pueden cambiar el mundo; porque, pase lo que pase, nuestra esencia está intacta.

Somos seres humanos llenos de pasión, la vida es desierto y es oasis. Nos derriba, nos lastima, nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia.

Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa. Y tú puedes aportar una estrofa…

No dejes nunca de soñar, porque sólo en sueños puede ser libre el hombre.

No caigas en el peor de los errores: el silencio. La mayoría vive en un silencio espantoso. No te resignes, huye…

“Yo emito mi alarido por los tejados de este mundo”, dice el poeta; valora la belleza de las cosas simples, se puede hacer poesía sobre las pequeñas cosas.

No traiciones tus creencias, todos merecemos ser aceptados.

No podemos remar en contra de nosotros mismos, eso transforma la vida en un infierno.

Disfruta del pánico que provoca tener la vida por delante.

Vívela intensamente, sin mediocridades.

Piensa que en ti está el futuro, y asume la tarea con orgullo y sin miedo.

Aprende de quienes pueden enseñarte.

No permitas que la vida pase por ti sin que tú la vivas..

Walt Whitman.