A un día de un nuevo día II

Hace un año volví al país que había dejado cuatro años atrás en busca de mejores oportunidades, en busca de una mejor calidad de vida, en busca de la seguridad y la confianza que mi propio país no me daba. Regresar, lejos de ser un alivio o una suerte de recarga emocional, se convirtió en un llamado de atención y en un duro golpe para abrirme los ojos.

Me encontré con un país completamente diferente al que dejé, y me sorprendí de lo mucho que se había deteriorado en tan poco tiempo. Descubrí que no importaba cuánto me hablaran mi familia o amigos acerca de la situación, ni que tanto intentaran ilustrarme lo que ocurría a diario, nunca podría haberlo entendido mejor de lo que lo entendí al vivirlo. La inseguridad se ha convertido en la gobernante y cada quien ha asumido estrategias propias para evitar caer en ella. La escasez es el pan nuestro de cada día y la economía pareciese haber caído en un foso del que difícilmente saldrá en muchos años.

Pasé meses en estado de shock. Pasé meses sorprendiéndome cada vez más de lo desmejorado que se encontraba el país. Me impresionaba el cambio de humor en el venezolano. Era increíble salir a la calle, entrar a cualquier negocio y ya no ser recibido por una sonrisa y la alegría característica del venezolano, al contrario la gente estaba más agresiva, todo le molestaba y podías ser maltratado verbalmente por cualquier persona en cualquier momento. La tristeza se reflejaba en la cara de todos los que te cruzabas en la calle. Peor aún, he sido testigo de gente que ha llegado a acostumbrarse a las peores situaciones en una suerte de resignación perenne. Debo admitir que esto me deprimió, y mucho.

No obstante, desde hace unos meses ha ocurrido un cambio, que si bien no fue radical, poco a poco se ha ido notando. Y no es otro cambio que el que viene dado por la esperanza, el cambio que provoca el tener la certeza de que a partir de mañana todo será para mejor en el país. ¿Qué todos debemos aportar para que eso ocurra? Claro que sí, pero ahora será con la seguridad de que ese esfuerzo se verá recompensado.

Siempre lo he dicho y lo mantengo. El cambio tiene que venir desde adentro, si nosotros no cambiamos no podemos esperar que el resto de las personas o nuestra situación cambie. Sé que el cambio en cada uno vendrá cuando sienta que vive en un país con igualdad, cuando pueda salir a la calle y no sentirse amedrentado por no compartir una ideología política o cuando no tenga que hacer maromas e inventarse estrategias para no caer en manos del hampa. Esta transición no será fácil y mucho menos rápida, pero tengo  la firme convicción de que todo será para mejor y que poco a poco, no sólo recuperaremos nuestro país, sino que será mejor de lo que esperábamos, tan bueno como debió ser siempre.

A un día de un nuevo día I

Estamos felices de atenderte

Unos días después de publicar esta entrada me encontré con un volante en un negocio que me hizo recordarla y que en cierta forma engloba lo que al final de la nota quise decir.. Así que aquí se los comparto porque bien vale la pena leerlo.

Estamos felices de atenderte

“El camarero trabajaba en la máquina de café. Giró y colocó tres tazas vacías perfectamente alineadas en la barra.

– Observa bien estas tres tazas – le pidió el camarero.

– ¿Qué tienen de especial?

– Aparentemente nada repuso el camarero – ¿verdad que las ves iguales?

– Sí.

– ¡Pues no lo son!

Ariadna contempló expectante las tres tazas vacías mientras el hombre se ponía bien el brazalete antes de iniciar, feliz y sonriente, su explicación.

– He calculado que el contacto de un camarero con cada cliente que pide un café no supera en promedio un minuto escaso. Es el tiempo que suman el saludo y la pregunta: ¿Qué desea tomar?, lo que te pide el cliente, cuando ponés la taza sobre la mesa, la hora de pasar la cuenta y la despedida cuando se marcha. Son muchos momentos diferentes, pero el verdadero contacto entre el camarero y el cliente no supera en conjunto el minuto.

– ¿Y qué significa eso?

– ¡Significa que es una oportunidad!. Independientemente de la calidad del café, que es lo de menos, en ese minuto el camarero tiene ante sí tres opciones o, mejor dicho, tres posibles resultados que dependen de su actitud.

Tras decir eso, el camarero hizo una breve pausa para encontrar las palabras más adecuadas. Luego explicó:

– En ese minuto puedes conseguir que la persona: se marche peor de lo que ha llegado si eres grosero, o bien puede irse igual que ha venido si lo tratas con indiferencia. Pero también tienes la oportunidad de que salga del café mejor que como ha entrado si le regalas un poco de amabilidad.

– ¿Y eso es todo? dijo Ariadna sin ocultar su decepción-. Pero ¿qué tiene que ver eso con el sentido de la vida?

– ¡Este es justamente el sentido de la vida!, y no sólo para los camareros. Todos tenemos cada día decenas de pequeños y grandes contactos con los demás. Nuestro reto es conseguir el tercer resultado: que su día sea un poco mejor después de estar con nosotros. ¡Este es el desafío!. ¡El premio gordo de cada encuentro!

Al escuchar esto, Ariadna se quedó pensativa. El camarero entonces le guiñó el ojo y se despidió así:

– Y ahora debo irme, tenemos muchos días qué mejorar!

Fragmento extraído de “El laberinto de la felicidad” de Alex Rovira y Francesc Miralles

Luchando por un cambio

Playing for a Change es  un movimiento que ha viajado por el mundo entero intentando traer paz al mundo a través de la música, y no sólo eso, sino de la música interpretada por seres extremadamente extraordinarios.

Aquí les dejo el video de una de mis canciones favoritas de todos los tiempos, interpretada de una manera magistral (de acuerdo a mi punto de vista). Observen que, aunque por un par de segundos, Venezuela está presente en él.

Ojalá lo disfruten tanto como yo..